lunes, 26 de diciembre de 2011

Estrés de Fin de Año.-


El estrés de fin de año puede vivenciarse como malestar  generado por el cansancio acumulado, la expectativa de cerrar bien el año laboral o de estudios, organizar las fiestas de fin de año, realizar las compras navideñas e intentar reunir a la familia, proyectar unas vacaciones acordes al presupuesto.
Promediando el año solemos sentir nuestro cuerpo como una máquina con baterías descargadas en el transcurrir de los meses.  El estrés está presente todos los meses, sin embargo en  esta época somos concientes de la culminación del año y que hemos de “recontratar” el 1 de Enero. El término del año implica el cierre de un ciclo, y ya sea que estemos concientes de esto o no, existe una tendencia importante a sentir que ‘el tiempo pasó volando’ y a hacer un balance de lo que ha sido el año, que puede llevarnos a reproches por lo que hemos hecho o dejado de hacer, y a una sensación de que ya no queda tiempo suficiente para repararlo. El estrés de fin de año es acumulación de fenómenos de todo el año, hay demasiados estímulos que el cerebro no alcanza a procesar. Navidad y Año Nuevo suelen ser momentos del año signados por la nostalgia. Momentos en los que las ausencias se hacen mas notables, el paso del tiempo toma mayor realidad y los recuerdos idealizados de lo que eran las fiestas brotan según crecemos en edad.
El estrés es la respuesta automática del organismo frente a cualquier cambio ambiental externo o interno, fuera de lo habitual y bajo presión que lo sobrepasa y desequilibra.
Se consulta por cansancio, ansiedad, mareos, palpitaciones, angustia, rigidez muscular, incapacidad de conciliar el sueño, despertar precoz, falta de concentración, irritabilidad, pérdida de las capacidades para la sociabilidad, estado de alerta, enfermedades de la piel, del aparato digestivo. Es de esperar en una sociedad como la nuestra, con ritmos que nos exigen prisas, relaciones que pueden ser tortuosas, inseguridades en muchos órdenes, inestabilidad y presiones… “Sentirse 'apagado', sin pilas, como si las fuerzas se agotaran u olvidadizo”, son algunos de los síntomas del estrés que se consideran “normales”. Cuando al cansancio generalizado se suma el mal humor o la irritabilidad, según los cuales se contaminan los vínculos afectivos y se produce una baja en el rendimiento laboral, será preciso acudir a un profesional.
El primer paso en el manejo del estrés es identificar aquellas situaciones que lo están desencadenando y evaluar estrategias de manejo y resolución de problemas que disminuyan el costo emocional y aumenten la efectividad de enfrentamiento de la persona. Hemos de volver a estilos de vida saludables: una sana alimentación, una cantidad adecuada de horas de sueño, actividad física. Por otra parte, será indispensable contar con una red de apoyo que ayude a salir adelante.
*Ante el estrés debemos realizar una revisión de prioridades vitales. Si registro que todas las navidades tengo que correr y no me detengo a mirar el por qué, todos los fines de año voy a ser una persona estresada.
* Debo pensar cuáles son las amenazas reales, a fin de no estar tensos y alertas de modo innecesario. Repensar: Vale la pena angustiarme por esto?
* No sobrecargarnos de ocupaciones y dejar tiempo libre para que la Vida nos sorprenda y para disfrutar del ocio. Implica aprender a decir que no, para no abarcar más de lo que realmente podemos cumplir y  organizar adecuadamente el tiempo y los horarios.
 Debemos ser realistas en el tiempo que nos toma realizar cada actividad, incluir tiempos de descanso, de comidas, de traslado, etc.
* Desarrollar una actitud optimista y alegre que nos permita poner “al mal tiempo, buena cara”.
* La cafeína, el tabaco y el alcohol conducen a una sobreactivación del organismo, que aunque creemos que nos ayuda al permitirnos más tiempo de vigilia y/o una sensación transitoria de relajo, en realidad agudiza el estrés, porque lo que nuestro cuerpo y nuestra mente realmente necesitan es un descanso adecuado.
 *La mala alimentación  incluso puede acarrear problemas gastrointestinales, como úlceras o estreñimiento, enfermedades que también están asociadas al estrés.
* Contar lo que sentimos y pensamos. Compartir lo que nos pasa nos ayuda a ser concientes de nuestras emociones y a diferenciar una emoción de otra. Además, si lo conversamos con la persona indicada, nos ayudará a sentirnos acogidos y protegidos.
*  Mantener expectativas realistas tanto de uno mismo como de los demás. Esperar demasiado puede conducir a frustración.
* Date tiempo para vivir tus emociones. El fin de año genera emociones y sentimientos muchas veces contradictorios, alegría por los reencuentros, tristeza por los que se han ido, coraje y frustración por lo que no logramos. Ser paciente con uno mismo y vivir cada emoción en su momento, ayudará a disfrutar mas el día a día y a manejar mejor el estrés.