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martes, 3 de diciembre de 2013

Los seis sabios.-

Hace más de mil años, en el Valle del Río Brahmanputra, vivían seis hombre ciegos que pasaban las horas compitiendo entre ellos para ver quién era de todos el más sabio.
Para demostrar su sabiduría, los sabios explicaban las historias más fantásticas que se les ocurrían y luego decidían de entre ellos quién era el más imaginativo.
Así pues, cada tarde se reunían alrededor de una mesa y mientras el sol se ponía discretamente tras las montañas, y el olor de los espléndidos manjares que les iban a ser servidos empezaba a colarse por debajo de la puerta de la cocina, el primero de los sabios adoptaba una actitud severa y empezaba a relatar la historia que según él, había vivido aquel día. Mientras, los demás le escuchaban entre incrédulos y fascinados, intentando imaginar las escenas que éste les describía con gran detalle.
De este modo los seis hombres ciegos pasaban las horas más entretenidas y a la vez demostraban su ingenio e inteligencia a los demás.
Sin embargo, llegó el día en que el ambiente de calma se turbó y se volvió enfrentamiento entre los hombres, que no alcanzaban un acuerdo sobre la forma exacta de un elefante. Las posturas eran opuestas y como ninguno de ellos había podido tocarlo nunca, decidieron salir al día siguiente a la busca de un ejemplar, y de este modo poder salir de dudas.
Tan pronto como los primeros pájaros insinuaron su canto, con el sol aún a medio levantarse, los seis ciegos tomaron al joven Dookiram como guía, y puestos en fila con las manos a los hombros de quien les precedía, emprendieron la marcha enfilando la senda que se adentraba en la selva más profunda. No habían andado mucho cuando de pronto, al adentrarse en un claro luminoso, vieron a un gran elefante tumbado sobre su costado apaciblemente. Mientras se acercaban el elefante se incorporó, pero enseguida perdió interés y se preparó para degustar su desayuno de frutas que ya había preparado.
Los seis sabios ciegos estaban llenos de alegría, y se felicitaban unos a otros por su suerte. Finalmente podrían resolver el dilema y decidir cuál era la verdadera forma del animal.
El primero de todos, el más decidido, se abalanzó sobre el elefante preso de una gran ilusión por tocarlo. Sin embargo, las prisas hicieron que su pie tropezara con una rama en el suelo y chocara de frente con el costado del animal.
-¡Oh, hermanos míos! –Exclamó- yo os digo que el elefante es exactamente como una pared de barro secada al sol.
Llegó el turno del segundo de los ciegos, que avanzó con más precaución, con las manos extendidas ante él, para no asustarlo. En esta posición en seguida tocó dos objetos muy largos y puntiagudos, que se curvaban por encima de su cabeza. Eran los colmillos del elefante.
-¡Oh, hermanos míos! ¡Yo os digo que la forma de este animal es exactamente como la de una lanza…sin duda, ésta es!
El resto de los sabios no podían evitar burlarse en voz baja, ya que ninguno se acababa de creer los que los otros decían. El tercer ciego empezó a acercarse al elefante por delante, para tocarlo cuidadosamente. El animal ya algo curioso, se giró hacía él y le envolvió la cintura con su trompa. El ciego agarró la trompa del animal y la siguió de arriba a abajo notando su forma alargada y estrecha, y cómo se movía a voluntad.
-Escuchad queridos hermanos, este elefante es más bien como…como una larga serpiente.
Los demás sabios disentían en silencio, ya que en nada se parecía a la forma que ellos habían podido tocar. Era el turno del cuarto sabio, que se acercó por detrás y recibió un suave golpe con la cola del animal, que se movía para asustar a los insectos que le molestaban. El sabio prendió la cola y la resiguió de arriba abajo con las manos, notando cada una de las arrugas y los pelos que la cubrían. El sabio no tuvo dudas y exclamó:
-¡Ya lo tengo! – Dijo el sabio lleno de alegría- Yo os diré cuál es la verdadera forma del elefante. Sin duda es igual a una vieja cuerda.
El quinto de los sabios tomó el relevo y se acercó al elefante pendiente de oír cualquiera de sus movimientos. Al alzar su mano para buscarlo, sus dedos resiguieron la oreja del animal y dándose la vuelta, el quinto sabio gritó a los demás:
-Ninguno de vosotros ha acertado en su forma. El elefante es más bien como un gran abanico plano – y cedió su turno al último de los sabios para que lo comprobara por sí mismo.
El sexto sabio era el más viejo de todos, y cuando se encaminó hacia el animal, lo hizo con lentitud, apoyando el peso de su cuerpo sobre un viejo bastón de madera. De tan doblado que estaba por la edad, el sexto ciego pasó por debajo de la barriga del elefante y al buscarlo, agarró con fuerza su gruesa pata.
-¡Hermanos! Lo estoy tocando ahora mismo y os aseguro que el elefante tiene la misma forma que el tronco de una gran palmera.

Ahora todos habían experimentado por ellos mismos cuál era la forma verdadera del elefante, y creían que los demás estaban equivocados. Satisfecha así su curiosidad, volvieron a darse las manos y tomaron otra vez la senda que les conducía a su casa.
Otra vez sentados bajo la palmera que les ofrecía sombra y les refrescaba con sus frutos, retomaron la discusión sobre la verdadera forma del elefante, seguros de que lo que habían experimentado por ellos mismos era la verdadera forma del elefante.

Seguramente todos los sabios tenían parte de razón, ya que de algún modo todas las formas que habían experimentado eran ciertas, pero sin duda todos a su vez estaban equivocados respecto a la imagen real del elefante. Compartir la experiencia de cada uno en vez de rivalizar les hubiera acercado a la verdadera forma del elefante.

La Realidad que nos presenta el Universo no es abarcable por nuestros pobres sentidos. Solo una mente abierta, receptiva, humilde, puede intuir y disfrutar la belleza del Todo.

domingo, 13 de octubre de 2013

Viktor Frankl.-


"Mientras marchábamos a trompicones durante kilómetros, resbalando en el hielo y apoyándonos continuamente el uno en el otro, no dijimos palabra, pero ambos lo sabíamos: cada uno pensaba en su mujer. De vez en cuando yo levantaba la vista al cielo y veía diluirse las estrellas al primer albor rosáceo de la mañana que comenzaba a mostrarse tras una oscura franja de nubes. Pero mi mente se aferraba a la imagen de mi mujer, a quien vislumbraba con extraña precisión. La oía contestarme, la veía sonriéndome con su mirada franca y cordial. Real o no, su mirada era más luminosa que el sol del amanecer. Un pensamiento me petrificó: por primera vez en mi vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas y proclamada en la sabiduría definitiva de tantos pensadores. La verdad de que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre. Fue entonces cuando aprehendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y el credo humanos intentan comunicar: la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad -aunque sea sólo momentáneamente- si contempla al ser querido. Cuando el hombre se encuentra en una situación de total desolación, sin poder expresarse por medio de una acción positiva, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos correctamente -con dignidad- ese hombre puede, en fin, realizarse en la amorosa contemplación de la imagen del ser querido. Por primera vez en mi vida podía comprender el significado de las palabras: ‘Los ángeles se pierden en la contemplación perpetua de la gloria infinita’."

VIKTOR FRANKL

jueves, 18 de julio de 2013

Virginia Satir.-



Quiero poder amarte sin aferrarme,
apreciarte sin juzgarte,
encontrarte sin agobiarte,
invitarte sin insistencia,
dejarte sin culpabilidad,
criticarte sin censurarte,
ayudarte sin disminuirte.
Si quieres concederme lo mismo, 
entonces realmente podremos reunirnos 
y ayudarnos a crecer mutuamente.

Virginia Satir

domingo, 31 de marzo de 2013

El elefante encadenado.-



Cuando yo era chico me encantaban los circos y lo que mas me gustaba de los circos eran los animales. También a mí, como a otros, después me enteré que me llamaba la atención el elefante.
Durante la función la enorme bestia hacia despliegue de su peso tamaño y fuerza descomunal...pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría con facilidad arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente : ¿ Qué lo mantiene entonces ¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia :
Si está amaestrado ¿Por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca...y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta : EL ELEFANTE DEL CIRCO NO ESCAPA PORQUE HA ESTADO ATADO A UNA ESTACA PARECIDA DESDE QUE ERA MUY, MUY PEQUEÑO.
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.
Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar y también al otro y al que le seguía....Hasta
que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree - pobre - que NO PUEDE.
El tiene el registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás...jamás....intentó poner a prueba su fuerza otra vez.

Vivimos creyendo que un montón de cosas "no podemos" simplemente porque alguna vez, antes, cuando éramos chiquitos, alguna vez probamos y no pudimos. Hicimos entonces, lo del elefante : grabamos en nuestro recuerdo: NO PUEDO....NO PUEDO Y NUNCA PODRE. Hemos crecido portando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar.
Cuando mucho, de vez en cuando sentimos los grilletes, hacemos sonar las cadenas o miramos de reojo la estaca y confirmamos el estigma : " NO PUEDO Y NUNCA PODRE " Vivimos condicionados por el recuerdo de otros, que ya no somos y no pudieron.
Tu única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón.....TODO TU CORAZON".

sábado, 30 de marzo de 2013

Podemos cambiar nuestro pasado?.-


Alejandro Jodorowsky (cabaret místico -2-): ¿Cómo ayudar psicológicamente a alguien? Cuando leo el Tarot, me olvido a mí mismo. Tengo frente a un consultante sumido en sus oscuros problemas. Yo “veo” la prisión mental donde vive. Sacarlo de ahí se me hace imposible, porque para ello tendría que demoler sus límites y hacerlo cambiar. Pero la persona creyendo ser la identidad artificial que le ha dado su familia, su sociedad y su cultura, no concibe salir de su cárcel. Le digo: “Si tú no cambias, nadie te puede cambiar, si tú no te sanas a ti mism@, nadie te puede sanar. Pueden eliminarte los síntomas, pero el motivo de tu sufrimiento, de tu dolor de vivir, sólo tú puedes encontrarlo.” Me preguntan entonces: “¿Cómo puedo deshacerme de esta falsa personalidad, para encontrar la alegría de vivir?”

Si tú, que ahora lees me preguntas lo mismo, te propondré:

1.- Recuerda alguna cosa del pasado, algo que hayas visto o hecho. Y el sentimiento que esto te ha producido.

2.- Recuerda ahora algo que hayas soñado.

Te darás cuenta que no hay diferencia en tu mente entre algo que has hecho y algo que has soñado: ambas cosas son recuerdos. La memoria de lo que hiciste y la memoria de lo que soñaste, tiene la misma consistencia. Sueño y realidad se han vuelto iguales. Estableces diferencias entre ellos por el impacto emocional que produjeron en ti. A ese impacto le llamas “mi pasado”. Es decir que tu pasado es un entreteje de actos en la vigilia y en el sueño…Si te das cuenta de esto, verás que puedes cambiar ese pasado, agregando cosas a lo que recuerdas o viendo lo que experimentaste, desde otro punto de vista. (Cuando te recuerdas el sitio donde viviste cuando eras niñ@, lo ves como un universo inmenso. Pero si regresas ahí años más tarde, te das cuenta que era un sitio pequeño. En la infancia, tu barrio te parecía inmenso, ahora, ya adult@, lo recorres en cinco minutos. ¿Comprendes? El recuerdo cambia según de qué punto de vista lo evocas… El Ser esencial, personalidad real, ilimitada, es la naturaleza de cada ser humano, un tesoro maravilloso encerrado en el ego, un cofre que puede mantenerlo preso toda la vida.

Cada vez que tengas un recuerdo doloroso de tu infancia, viaja por tu memoria y, con la edad que tienes hoy, dile a tu niñ@: “Pequeñ@ mí@, no estés triste, no estás sol@ . Yo estaba contigo, acompañándote todo el tiempo. Soy tu amig@. Juega conmigo”… Y así agregas a tu infancia cosas que no tenías en tu memoria y la cambias. Puedes agregar alas invisibles a tu niñ@ y hacerl@ volar, darle belleza, darle valores, colorear las calles, llenar su casa de objetos preciosos, hacerl@ conversar con los animales y las plantas, mejorar a sus padres, etc… Y si tú, hoy estás triste, puedes invocarte a ti mism@, cuando serás un/una ancian@ sabi@ que te diga: “Querid@, soy tú con cien años más.Ya lo ves, no estás sol@, estoy junto a ti. Tengo una inmensa sabiduría y puedo aconsejarte”.

Si agregas importantes detalles a tu memoria, tal como hace un artista cuando pinta un cuadro o filma una película, puedes cambiarla, agregarle felicidad. Si quieres liberarte del sufrimiento pasado, colorea y enriquece tu memoria. Otórgate lo que no te dieron. Haz lo que no hiciste.

Ahora mismo, elige algún recuerdo doloroso, míralo desde otra edad y dale nuevos aspectos, todos ellos positivos. Por ejemplo, si viste el cadáver de un perro podrido, hazlo integrarse a la tierra, convertirse en abono y dar origen a hermosas flores. Por otra parte, lucha para no pensar que el futuro es terrible e imagina, crea en tu mente un futuro precioso. “Sí, un día moriré, pero muy agradablemente: mi conciencia, gota divina, regresará al océano divino, que es un orgasmo eterno.”

Esta técnica de cambiar el pasado, agregando aspectos agradables a mi memoria la descubrí en la época en que Hollywood comenzó a colorear sus viejas películas filmadas en blanco y negro…. Debemos tratar a nuestra memoria como si fuera un diamante cubierto de carbón. Vamos a pulirla hasta dejar al descubierto su belleza y luego tallarle facetas para enriquecerla.

domingo, 24 de febrero de 2013

Vivir en plenitud.-

CUANDO PERDER ALGO TE PREOCUPA DEMASIADO, YA LO HAS PERDIDO.
PORQUE TU PREOCUPACIÓN IMPIDE QUE OBTENGAS CUALQUIER TIPO DE VALOR DE AQUELLO QUE TANTO TE PREOCUPA PERDER.

Las cosas cambian y lo que hoy está aquí, muy bien podría haber desaparecido mañana.
Puedes preocuparte y angustiarte por ello, o puedes aprovechar al máximo, con alegría y amor, todo lo que ahora mismo tienes.

La felicidad que sientas en plenitud, no la perderás.
Nada ni nadie podrá quitarte el amor que vives y ofreces.
Si te involucras demasiado en las cosas fugaces y superficiales de la vida, te estarás preparando para una terrible desilusión cuando ellas ya no estén contigo.

En cambio, aprende a atesorar aquellas cosas con real sustancia, con sentido, esas que el tiempo y las circunstancias no pueden borrar.
Acostúmbrate a vivir cada día a pleno y con verdadero sentido.
Verás que te preocupas menos por lo que podrías perder, y te concentras más en lo que tienes para aprovechar.
Agradece todo lo que tienes, aprovechándolo al máximo.
Y siempre tendrás muchas cosas por las cuales estar agradecido.

GABRIEL SANDLER

La felicidad.-

En cierta ocasión se reunieron todos los dioses y decidieron crear al hombre y la mujer; hacerlos a su imagen y semejanza, entonces uno de ellos dijo:
- Esperen. Si los vamos a hacer a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro, fuerza e inteligencia igual a la nuestra, debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de no ser así, estaríamos creando nuevos dioses.

Debemos quitarles algo, pero, ¿Qué les quitamos?

Después de mucho pensar uno de ellos dijo:
- Ah!! ya sé!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la encuentren jamás.

Propuso el primero:
- Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo; a lo que inmediatamente repuso otro:
- No, recuerda que les dimos fuerza, alguna vez alguien subirá, y la encontrará, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde está.

Luego propuso otro:
- Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar, y otro contestó:
- No, recuerda que les dimos inteligencia, alguna vez alguien construirá algo con lo que pueda entrar y bajar, y entonces la encontrará.

Uno más dijo:
- Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra.
Y le dijeron:
- No, recuerda que les dimos inteligencia, y un día alguien construirá una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la descubrirá, y entonces todos tendrán felicidad y serán iguales a nosotros.

El último de ellos, era un Dios que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás dioses, analizó en silencio cada una de ellas y entonces rompió el silencio y dijo:
- Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren.
(todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono)
- ¿Dónde?

- LA ESCONDEREMOS DENTRO DE ELLOS MISMOS, ESTARÁN TAN OCUPADOS BUSCÁNDOLA AFUERA, QUE NUNCA LA ENCONTRARÁN.

Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así.

EL HOMBRE SE PASA LA VIDA BUSCANDO LA FELICIDAD SIN SABER QUE LA TRAE CONSIGO MISMO...

viernes, 7 de diciembre de 2012

La terapia como ensayo final para la vida.-



La amistad entre el paciente y el terapeuta es una condición necesaria pero no suficiente. La psicoterapia no es un sustituto de la vida sino que es, para usar una metáfora teatral, un ensayo final para la verdadera función que es la vida. En otras palabras, aunque la psicoterapia requiere de la amistad, la relación no es un fin sino un medio para un fin.

La intimidad de la relación terapéutica cumple con muchos propósitos. Provee un lugar seguro para que los pacientes se abran lo más posible. Y más aún, les ofrece la experiencia de ser aceptados y comprendidos tras una profunda apertura y un total sinceramiento. Enseña la habilidad social necesaria: el paciente aprende aquello que es necesario en una relación íntima. Y el paciente aprende que la intimidad es posible, incluso alcanzable. Por último, y quizás esto sea lo más importante, la observación de Carl Rogers de que la relación terapéutica sirve como un punto de referencia interno al que los pacientes pueden volver en su imaginación. Al haber adquirido una vez este nivel de intimidad, pueden abrigar la esperanza e incluso la expectativa de desarrollar relaciones similares.

Uno oye a menudo hablar de pacientes (sea en terapia grupal o individual) que son excelentes pacientes o excelentes miembros del grupo y que sin embargo siguen siedno los mismos en su vida exterior. Pueden relacionarse bien con el terapetua o ser miembros clave en el grupo - abiertos, trabajadores, agentes de interacción - y sin embargo no aplican lo que han aprendido a las situaciones exteriores. En otras palabras utilizan la terapia como un sustituto en vez de como un ensayo para la vida.

Esta distinción puede resultar útil en decisiones sobre el final de la terapia. El cambio de comportamiento en la situación terapéutica obviamente no es suficiente: los pacientes deben transferir sus cambios a su entorno de vida. En las etapas últimas de la terapia, pongo mucha energía en asegurar la transferencia del aprendizaje. Si lo consdiero necesario, empiezo a ofrecer un entrenamiento activo, presionando a los pacientes para que experimenten comportamientos nuevos en el entorno laboral, social y familiar.

IRVIN YALOM. EL DON DE LA TERAPIA. EMECÉ EDITORES.

domingo, 14 de octubre de 2012

El credo de un humanista.-


Erich Fromm

1.- Creo que la unidad del hombre, a diferencia de otros seres vivientes, se debe a que el hombre es la vida consciente de sí misma. El hombre es consciente de sí mismo, de su futuro, que es la muerte; de su pequeñez, de su impotencia. Es consciente del otro en cuanto otro. El hombre está en la naturaleza, y sometido a sus leyes, aunque la trascienda con el pensamiento.

2.- Creo que el hombre es consecuencia de la evolución natural: que ha nacido del conflicto de estar preso y separado de la naturaleza y de la necesidad de hallar unidad y armonía con ella.

3.-Creo que la naturaleza del hombre es una incoherencia, debida a las condiciones de la existencia humana, que exige buscarle soluciones, las cuales a su vez crean nuevas incoherencias y la necesidad de nuevas soluciones.

4.- Creo que toda solución a estas incoherencias puede cumplir realmente la condición de ayudar al hombre a superar el sentimiento de separación y a lograr un sentimiento de concordancia, comunidad y participación.

5.- Creo que, en toda solución a estas incoherencias, el hombre sólo tiene la posibilidad de escoger entre avanzar o retroceder. Estas opciones, que se manifiestan en actos precisos, son medios para rebajar o para desarrollar la humanidad que tenemos dentro.

6.-Creo que la alternativa fundamental para el hombre es la elección entre “vida” y “muerte”, entre creatividad y violencia destructiva, entre la realidad y el engaño, entre la objetividad y la intolerancia, entre fraternidad con independencia y dominio con sometimiento.

7.- Creo que podemos atribuir a la “vida” el significado de continuo nacimiento y constante desarrollo.

8.-Creo que podemos atribuir a la “muerte” el significado de suspensión del desarrollo y continua repetición.

9.- Creo que, con la solución regresiva, el hombre trata de encontrar la unidad librándose del insoportable miedo a la soledad y a la incertidumbre, desfigurando lo que lo hace humano y lo atormenta. La orientación regresiva se desarrolla en tres manifestaciones, juntas o separadas: La necrofilia, el narcisismo y la simbiosis incestuosa.
Por necrofilia entiendo el gusto por todo lo que es violencia y destrucción : el deseo de matar, la adoración de la fuerza, la atracción por la muerte, el suicidio y el sadismo y el deseo de transformar lo orgánico en inorgánico sometiéndolo al “orden”. El necrófilo, por carecer de las cualidades necesarias para crear, en su impotencia encuentra más fácil destruir, porque para él sólo una cualidad tienen valor: la fuerza.
Por narcisismo entiendo la falta de un interés autentico por el mundo exterior y un intenso apego a uno mismo, al grupo, clan, religión, nación, raza, etc., con graves distorsiones del juicio racional. En general, la necesidad de satisfacción narcisista deriva de la necesidad de compensar una pobreza material y cultural.
Por simbiosis incestuosa entiendo la tendencia a seguir ligado a la madre y a sus equivalentes : la estirpe, la familia o la tribu ; a descargarse el insoportable peso de la responsabilidad, la libertad y la conciencia, para ser protegido y amado en un estado de seguridad con dependencia, que paga el individuo con el cese de su propio desarrollo humano.

10.-Creo que, escogiendo avanzar, el hombre puede encontrar una nueva unidad mediante el pleno desarrollo de todas sus energías humanas, que se muestran en tres orientaciones, juntas o separadas: la biofilia, el amor a la humanidad y a la naturaleza y la independencia y libertad.

11.- Creo que el amor es la llave principal para abrir las puertas al “crecimiento” del hombre. El amor y la unión a alguien o algo fuera de uno mismo permite trabar relaciones con otros, sentirse uno con otros, sin reducir el sentido de integridad e independencia. El amor es una orientación positiva, para la cual es esencial que se hallen presentes al mismo tiempo la solicitud, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento del objeto de unión.

12.- Creo que la experiencia del amor es el acto más humano y humanizador que es dado gozar al hombre y, como la razón, carece de sentido si se entiende de manera parcial.

13.-Creo en la necesidad de “liberación” de los lazos, externos o internos, como condición para poder tener la “libertad” de crear, obrar, querer saber, etc., para poder llegar a ser un individuo libre, activo y responsable.

14.- Creo que libertad es la capacidad de obedecer la voz de la razón y del conocimiento, en contra de las voces de las pasiones irracionales. Es la emancipación que libera al hombre y lo pone en el camino de emplear sus facultades racionales y de comprender objetivamente el mundo y el papel que en éste representa.

15.- Creo que la “lucha por la libertad” tiene, en general, el sentido excluido de lucha contra la autoridad impuesta sobre la voluntad individual. Hoy “lucha por la libertad” debe significar liberarnos, individual y colectivamente, de la “autoridad” a la que nos hemos sometido “voluntariamente” : liberarnos de las fuerzas interiores que exigen este sometimiento porque somos incapaces de soportar la libertad.

16.- Creo que la “libertad de elección” no siempre es igual para todos los hombres en todo momento. El hombre de orientación exclusivamente necrofílica, narcisista o simbiótico incestuosa, puede tomar sólo una opción regresiva. El hombre libre, liberado de lazos irracionales, no puede tomar ya una opción regresiva.

17.- Creo que el problema de la libertad de elección existe sólo para el hombre de orientaciones contrapuestas, y que esta elección siempre está estrechamente condicionada por deseos inconscientes y por justificaciones tranquilizadoras.

18.- Creo que nadie puede “salvar” a su prójimo decidiendo por él. Únicamente podrá ayudarlo señalándole alternativas posibles, con toda sinceridad y amor, sin sensiblería ni engaño alguno. La conciencia intelectiva de las alternativas liberadoras puede reavivar en un individuo sus energías ocultas y ponerlo en el camino en el que escoja la “vida”, en lugar de la “muerte”.

19.- Creo que la igualdad se siente cuando, al descubrirse uno mismo por completo, se reconoce igual a otros y se identifica con ellos. Todo individuo lleva la humanidad en su interior. La “condición humana” es única e igual en todos los hombres, a pesar de las inevitables diferencias de inteligencia, talento, estatura, color, etc.

20.- Creo que la igualdad entre los hombres se debe recordar especialmente para evitar que uno se convierta en instrumento de otro.

21.- Creo que la fraternidad es el amor dirigido a nuestros semejantes. No obstante, se quedará en palabra hueca mientras no se hayan eliminado todos los lazos “incestuosos” que impiden juzgar objetivamente al “hermano”.

22.- Creo que el individuo no puede entablar estrecha relación con su humanidad en tanto no se disponga a trascender su sociedad y a reconocer de qué modo ésta fomenta o estorba sus potenciales humanas. Si le resultan “naturales” las prohibiciones, las restricciones y la adulteración de los valores, es señal de que no tiene un conocimiento verdadero de la naturaleza humana.

23.- Creo que la sociedad ha chocado siempre con la humanidad, aun teniendo una función a la vez estimulante e inhibitoria. La sociedad no dejará de paralizar al hombre y promover la dominación hasta que su fin se identifique con el de la humanidad.

24.- Creo que podemos y debemos esperar una sociedad cuerda que fomente la capacidad del hombre de amar a sus semejantes, de trabajar y crear, de desarrollar su razón y un sentido real de sí mismo basado en la experiencia de su energía positiva.

25.- Creo que podemos y debemos esperar la recuperación colectiva de una salud mental caracterizada por la capacidad de amar y crear, por la liberación de los lazos incestuosos con el clan y la tierra, por un sentido de identidad basado en la experiencia que tienen de sí mismo el individuo como sujeto y agente de sus facultades y por la capacidad de influir en la realidad exterior e interior a uno mismo, logrando el desarrollo de la objetividad y de la razón.

26.- Creo que, mientras parece que este mundo nuestro enloquece y se deshumaniza, cada vez más individuos sentirán la necesidad de asociarse y colaborar con quienes compartan sus preocupaciones.

27.- Creo que estos hombres de buena voluntad, no sólo deben hacerse una interpretación humana del mundo, sino que también deben señalar el camino y trabajar por su posible transformación: la interpretación sin voluntad de reforma es inútil ; la reforma sin previa interpretación es ciega.

28.- Creo posible la realización de un mundo en que el hombre “ser” mucho aunque “tenga” poco ; un mundo en que el móvil dominante de la existencia no sea el consumo ; un mundo en que el “hombre” sea el fin primero y último ; un mundo en que el hombre pueda encontrar la manera de dar un fin a su ida y la fortaleza de vivir libre y desengañado.

sábado, 22 de septiembre de 2012

El Rey y el Mendigo.-


El rey caminaba por el pueblo cuando se encontró con un mendigo llamado Latif, el mendigo tenia fama de sabio y buen conocedor de la vida, sin embargo, su situación económica era penosa.
Al rey le dio pena y le dijo que le daría una moneda si contestaba una pregunta.
El mendigo acepto, y le respondió la pregunta en forma maravillosa. El rey sorprendido le propuso una nueva pregunta a cambio de otra moneda, y el mendigo acepto el desafío, porque era lo que mas le gustaba, la pregunta tenia mucho que ver con su reino, y Latif nuevamente, no solo contesto la pregunta, sino que además, dio una respuesta inteligente.
El rey le propuso a Latif, que lo acompañe al castillo y que comparta con el las decisiones del palacio, y así fue, a partir de ese momento, Latif se convirtió en el consejero del rey, ya no pasaba hambre, y el rey lo compensaba con un dinero sustancioso, Latif alcanzo una gran fama en el reino, y sobretodo en el castillo, tanta fama le trajo enemigos, que querían ver a Latif lejos de allí.
Buscaban alguna historia que lo perjudicara, hasta que una mañana, un cortesano se acerco al rey y le dijo
- Su majestad, quiero avisarle que su consejero esta preparando un complot
- ¿y como lo sabes?
- porque todos los días, a la 5 de la tarde en forma misteriosa, llega hasta el ala norte del castillo, y se oculta en una habitación, ¿porque razón lo haría? sino para complotar contra usted.
- lo comprobare esta tarde, dijo el rey

Esa tarde, el rey se escondió en un pasillo y vio llegar a Latif, en forma silenciosa, mirando a ambos lados, saco una llave que tenia colgada en el cuello e ingreso a una habitación.
El rey, se dio cuenta, que era cierto, Latif lo estaba engañando, se acerco a la puerta y golpeo.
- Quien es, dijo Latif desde adentro
- ábreme, soy el rey
- Su majestad, que hace aquí
- ¿que haces tu aquí? déjame pasar

Al entrar, el rey comprobó que la habitación era pequeña, oscura, no tenia ventanas ni puertas, y había un gancho colgado del techo con una túnica toda raída, un plato de madera en el piso, y un bastón viejo de madera contra la pared.

- Dime, Latif, que es todo esto, que haces aquí?
- Mi rey, cuando yo llegue al castillo, alcance la fama, deje de pasar hambre y amase una fortuna importante, sin embargo, todas las tardes vengo a este lugar, y observo, la túnica, el plato de madera y el bastón, que era lo único que tenia cuando llegue aquí, y lo hago para no olvidarme de donde vengo.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Proverbio Zen.-



Un grupo de discípulos le preguntó una vez a su maestro Zen: ¿De dónde viene el lado negativo de nuestra mente? El maestro se retiró un momento y enseguida regresó con un gigante lienzo en blanco. En medio del lienzo había un pequeño punto negro.
¿Qué ven en este lienzo? preguntó el maestro. Los discípulos respondieron, un pequeño punto negro. El maestro dijo: Ese es el origen de la mente negativa. Ninguno de ustedes ve la enorme extensión que lo rodea.

lunes, 20 de agosto de 2012

El miedo innecesario.-


Nada causa tanto sufrimiento como el miedo a sufrir. Evita entonces el miedo innecesario.

Por miedo a sufrir soledad, sufres la tortura de una mala compañía.

Por miedo a sufrir el final de una relación, sufres por años el infierno de una mala pareja.

Por miedo a sufrir las responsabilidades de adulto, sufres de por vida el actuar como un niño inválido.

Por miedo a sufrir a causa de tus errores, sufres las consecuencias de no comprometerte ni jugártela nunca.

Por miedo a sufrir el rechazo de los otros, sufres en tu soledad y tu aislamiento, sin salir nunca hacia el encuentro.

Por miedo a sufrir el que alguien no te quiera, te conviertes en posesivo y lo único que consigues es que todos huyan de ti y te quedes solo.

Por miedo a sufrir una relación sexual no bien lograda, sufres por años la castración de una impotencia impuesta por ti mismo.

Por miedo a fracasar en tus proyectos, sufres el terrible fracaso de no emprender ninguno.

Por miedo a que tu hijo dé un mal paso, lo conviertes en un inmaduro y un sobreprotegido, incapaz de caminar por su cuenta.

Hay un temor al sufrimiento que es sano, porque funciona como una señal de alarma que suena a tiempo para que evites el dolor innecesario. Pero hay un temor al sufrimiento que es enfermo, porque es como una alarma que suena todo el tiempo, que te impide vivir y te causa sufrimientos que podrías evitar.

Evita entonces el miedo innecesario.

sábado, 11 de agosto de 2012

Itaca.-



Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca

debes rogar que el viaje sea largo,

lleno de peripecias, lleno de experiencias.

No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,

ni la cólera del airado Posidón.

Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta

si tu pensamiento es elevado, si una exquisita

emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Los lestrigones y los cíclopes

y el feroz Posidón no podrán encontrarte

si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,

si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo,

que sean muchos los días de verano;

que te vean arribar con gozo, alegremente,

a puertos que tú antes ignorabas.

Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,

y comprar unas bellas mercancías:

madreperlas, coral, ébano, y ámbar,

y perfumes placenteros de mil clases.

Acude a muchas ciudades del Egipto

para aprender, y aprender de quienes saben.

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:

llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisas tu camino;

mejor será que dure muchos años,

y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,

rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.

Sin ellas, jamás habrías partido;

mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.

Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,

sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

Constantinos Petros Cavafis

sábado, 28 de julio de 2012

Me doy permiso.-


Me doy permiso para separarme de personas que me traten con brusquedad, presiones o violencia, de las que me ignoran, me niegan un beso, un abrazo...

No acepto ni la brusquedad ni mucho menos la violencia aunque vengan de mis padres o de mi marido, o mujer.
Ni de mis hijos, ni de mi jefe, ni de nadie.
Las personas bruscas o violentas quedan ya, desde este mismo momento fuera de mi vida.

Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás. Merezco también consideración y respeto.

Me doy permiso para no obligarme a ser “el alma de la fiesta”, el que pone el entusiasmo en las situaciones, ni ser la persona que pone el calor humano en el hogar, la que está dispuesta al diálogo para resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan.

No he nacido para entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo: no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado.
Mi propia existencia, mi ser; ya es valioso.
Si quieren continuar a mi lado deben aprender a valorarme.
Mi presencia ya es suficiente: no he de agotarme haciendo más.

Me doy permiso para no tolerar exigencias desproporcionadas en el trabajo.
No voy a cargar con responsabilidades que corresponden a otros y que tienen tendencia a desentenderse.
Si las exigencias de mis superiores son desproporcionadas hablaré con ellos clara y serenamente.

Me doy permiso para no hundirme las espaldas con cargas ajenas

Me doy permiso para dejar que se desvanezcan los miedos que me infundieron mis padres y las personas que me educaron. El mundo no es sólo hostilidad, engaño o agresión: hay también mucha belleza y alegría
inexplorada.

Decido abandonar los miedos conocidos y me arriesgo a explorar las aventuras por conocer.
Más vale lo bueno que ya he ido conociendo y lo mejor que aún está por conocer. Voy a explorar sin angustia.

Me doy permiso para no agotarme intentando ser una persona excelente.
No soy perfecto, nadie es perfecto y la perfección es oprimente.
Me permito rechazar las ideas que me inculcaron en la infancia intentando que me amoldara a los esquemas ajenos, intentando obligarme a ser perfecto: un hombre sin fisuras, rígidamente irreprochable. Es decir:
inhumano.

Asumo plenamente mi derecho a defenderme, a rechazar la hostilidad ajena, a no ser tan correcto como quieren; y asumo mi derecho a ponerles límites y barreras a algunas personas sin sentirme culpable.

No he nacido para ser la víctima de nadie.

Me doy permiso para no estar esperando alabanzas, manifestaciones de ternura o la valoración de los otros.

Me permito no sufrir angustia esperando una llamada de teléfono, una palabra amable o un gesto de consideración.

Me afirmo como una persona no adicta a la angustia.

Soy yo quien me valoro, me acepto y me aprecio No espero a que vengan esas consideraciones desde el exterior.

Y no espero encerrado o recluido ni en casa, ni en un pequeño círculo de personas de las que depender.

Al contrario de lo que me enseñaron en la infancia, la vida es una experiencia de abundancia.

Empiezo por reconocer mis valores, Y el resto vendrá solo. No espero de fuera.

Me doy permiso para no estar al día en muchas cuestiones de la vida: no necesito tanta información, tanto programa de ordenador, tanta película de cine, tanto periódico, tanto libro, tantas músicas.

Decido no intentar absorber el exceso de información. Me permito no querer saberlo todo. Me permito no aparentar que estoy al día en todo o en casi todo.

Y me doy permiso para saborear las cosas de la vida que mi cuerpo y mi mente pueden asimilar con un ritmo tranquilo.

Decido profundizar en todo cuanto ya tengo y soy. Con lo que soy es más que suficiente. Y aún sobra.

Me doy permiso para ser inmune a los elogios o alabanzas desmesurados: las personas que se exceden en consideración resultan abrumadoras. Y dan tanto porque quieren recibir mucho más a cambio.

Prefiero las relaciones menos densas.

Me permito un vivir con levedad, sin cargas ni demandas excesivas. No entro en su juego.

Me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtico.

No me impongo soportar situaciones y convenciones sociales que agotan, que me disgustan o que no deseo. No me esfuerzo por complacer.

Si intentan presionarme para que haga lo que mi cuerpo y mi mente no quieren hacer, me afirmo tranquila y firmemente diciendo que no. Es sencillo y liberador acostumbrarse a decir “no”.

Me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtico. No me impongo soportar situaciones y convenciones sociales que agotan, que me disgustan o que no deseo. No me esfuerzo por complacer.

Elijo lo que me da salud y vitalidad.

Me hago más fuerte y más sereno cuando mis decisiones las expreso como forma de decir lo que yo quiero o no quiero, y no como forma de despreciar las elecciones de otros.

No me justificaré: si estoy alegre, lo estoy; si estoy menos alegre, lo estoy; si un día señalado del calendario es socialmente obligatorio sentirse feliz, yo estaré como estaré.

Me permito estar tal como me sienta bien conmigo mismo y no como me ordenan las costumbres y los que me rodean: lo “normal” y lo “anormal” en mis estados emocionales lo establezco yo.

lunes, 23 de julio de 2012

Carl Rogers.-



"El proceso de encontrarse a sí mismo, de aceptarse y de mostrarse como se es, no es algo que sólo tenga lugar en la terapia o en los grupos. Mucha gente no ha pasado por ninguna de esas experiencias. Incluso para quienes pasan por ellas, tanto la terapia como el grupo no duran más que cierto tiempo. Para todos nosotros, en cambio, la búsqueda por llegar a ser la persona que de manera tan singular somos, es un proceso que dura toda la vida."
Carl Rogers y H.J. Freiberg
Fragmento de LIbertad y Creatividad en Educación.


domingo, 22 de julio de 2012

Temores.-





TEMORES


Temía estar solo, hasta que aprendí a quererme a mí mismo. 
Temía fracasar, hasta que me di cuenta
que únicamente fracaso cuando no lo intento. 
Temía lo que la gente opinara de mí, hasta que me di cuenta que de todos modos opinan. 
Temía me rechazaran, hasta que entendí que debía tener fe en mi mismo. 
Temía al dolor, hasta que aprendí que éste es necesario para crecer. 
Temía a la verdad, hasta que descubrí la fealdad de las mentiras. 
Temía a la muerte, hasta que aprendí que no es el final, sino más bien el comienzo. 
Temía al odio, hasta que me di cuenta que no es otra cosa más que ignorancia. 
Temía al ridículo, hasta que aprendí a reírme de mí mismo. 
Temía hacerme viejo, hasta que comprendí que ganaba sabiduría día a día. 
Temía al pasado, hasta que comprendí que es sólo mi proyección mental y ya no puede herirme más. 
Temía a la oscuridad, hasta que vi la belleza de la luz de una estrella. 
Temía al cambio, hasta que vi que aún la mariposa más hermosa necesitaba pasar por una metamorfosis antes de volar. 
Hagamos que nuestras vidas cada día tengan mas vida y si nos sentimos desfallecer no olvidemos que al final siempre hay algo más. 


Hay que vivir ligero porque el tiempo de morir está fijado.


Ernest Hemingway

viernes, 25 de mayo de 2012

Ves al revés!


"Había una vez una señora murciélago que entendía todo al revés. Por lo menos eso pensaban los pequeños animales de la selva. Todo comenzó cuando llegó doña Murciélago. Búho Sabio quería darle un regalo de bienvenida y pidió a los animales que averiguaran qué le gustaría.
--Me gustaría una sombrilla para mantener mis pies secos-- dijo doña Murciélago
--¡Las sombrillas son para mantener la cabeza seca, no los pies! – susurró bebé Elefante.
Pero sin pensarlo más le regalaron una elegante sombrilla nueva. Entonces doña Murciélago dijo otra cosa muy rara.
-- Estoy muy contenta de tener una sombrilla: allá abajo en el cielo hay un enorme nubarrón.
Pequeña Jirafa reía en voz baja.
-- Doña Murciélago ve al revés, el cielo está arriba, no abajo.
Pero doña Murciélago dijo otra cosa graciosa.
-- Si llueve muy fuerte, el río crecerá y mis orejas se mojarán.
-- ¡Pero si el río crece se mojarán nuestros pies, no nuestras orejas! -- gruñó Cachorro León.
-- Usaría un sombrero para la lluvia, pero se me caería al pasto que está allá arriba – agregó doña Murciélago.
-- Pero el pasto no está arriba, está abajo – murmuró Joven Rinoceronte.
Para entonces, todos los pequeños animales de la selva pensaban que doña Murciélago estaba completamente chiflada. Y corrieron a consultar a Búho Sabio.
-- Doña Murciélago está zafada, dice puras tonterías. Puede ser peligrosa ¡Auxilio! – dijeron.
-- ¿Por qué creen que doña Murciélago está loca? – ululó Buhó Sabio.
-- Es que ve las cosas distinto a nosotros – dijo Joven Rinoceronte. – Muy distinto.
Búho se quedó pensativo. Luego dijo:
-- Voy a hacerle a doña Murciélago unas sencillas preguntas y después decidiré si necesita que le revisen la cabeza.
Entonces todos fueron a visitar a doña Murciélago. Buhó le preguntó si le molestaba que le hiciera algunas preguntas.
-- Para nada – dijo ella.
-- Primera pregunta -- dijo Búho -- ¿cómo es un árbol?
-- Eso es fácil – dijo Doña Murciélago --, un árbol tiene el tronco arriba y las hojas abajo.
-- ¿Ves, Búho? doña Murciélago está zafada – dijo riéndose Pequeña Jirafa –
-- Segunda pregunta – dijo Búho -- ¿Cómo es una montaña?
-- Eso es más fácil – dijo Doña Murciélago—Una montaña tiene una parte aplanada arriba y una parte puntiaguda colgando hacia abajo.
-- La parte puntiaguda apunta hacia arriba – dijo Chico Cabra.
-- ¡Doña Murciélago está loca! – gritaron todos -- ¡llamen al doctor!
-- Última pregunta – dijo Búho Sabio --; pero quiero que la respondan todos menos doña Murciélago.
Los pequeños animales aceptaron.
-- Pregunta número tres – dijo Búho -- ¿alguna vez han tratado de ver las cosas desde el punto de vista de doña Murciélago?
Entonces hizo que todos se colgaran de una rama, como ella.

-- Doña Murciélago tenía razón – dijo Chico Cabra – La parte puntiaguda de la montaña cuelga hacia abajo.
-- Y el árbol tiene el tronco arriba y las hojas abajo – dijo Pequeña Jirafa
--Y miren ¡El pasto está sobre nuestras cabezas, y el cielo no! – dijo Joven Rinoceronte.
Justo entonces comenzó a llover. Y llovió y llovió y siguió lloviendo.
-- ¿Me puedo bajar ya, Búho? – dijo Cachorro León – el río está creciendo y mis orejas se están mojando.
-- Así mis pies se empapan – dijo Bebé Elefante.
Entonces doña Murciélago les prestó su nueva sombrilla para que se mantuvieran secos.
-- Gracias, doña Murciélago – le dijo Bebé Elefante. – Perdón por decir que estaba loca.
-- Todos lo sentimos – dijeron los pequeños animales de la selva.
-- Por favor ¡no sean bobos! – dijo sonriendo doña Murciélago."
 Jeanne Willis y Tony Ross.

sábado, 19 de mayo de 2012

La gente que me gusta. Mario Benedetti.-




Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla,
que no hay que decirle que haga las cosas,
sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace.
La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños
se apoderan de su propia realidad.
Me gusta la gente con capacidad para asumir
las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto
por lo incierto para ir detrás de un sueño,
quien se permite,huir de los consejos sensatos dejando las soluciones
en manos de nuestro padre Dios.
Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma,
la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida,
que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de si,
agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas,
de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente,
pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.
Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.
A éstos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica.
La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor.
La gente que nunca deja de ser aniñada.
Me gusta la gente que con su energía contagia.
Me gusta la gente sincera y franca,
capaz de oponerse con argumentos razonables
a las decisiones de cualquiera.
Me gusta la gente fiel y persistente,
que no desfallece cuando
de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer
que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores,
se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
La gente que lucha contra adversidades.
Me gusta la gente que busca soluciones.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente.
La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo,
social, ni como lucen.
La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
Me gusta la gente que tiene personalidad..
Me gusta la gente capaz de entender
que el mayor error del ser humano
es intentar sacarse de la cabeza
aquello que no sale del corazón.
La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad,
el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegria,
la humildad, la Fé, la felicidad, el tacto, la confianza,
la esperanza, el agradecimiento, la sabiduria, los sueños,
la humildad, el arrepentimiento, y el amor para los demás y propio
son cosas fundamentales para llamarse GENTE.
Con gente como ésa, me comprometo
para lo que sea por el resto de mi vida,
ya que por tenerlos junto a mi me doy por bien retribuido.
GRACIAS POR SER DE ESA GENTE.
Imposible ganar sin saber perder.
Imposible andar sin saber caer.
Imposible acertar sin saber errar.
Imposible vivir sin saber revivir.
La gloria no consiste en no caer nunca, si no mas bien en levantarse todas las veces que sea necesario.
Y ESO ES ALGO QUE MUY POCA GENTE TIENE EL PRIVILEGIO DE PODER EXPERIMENTAR.
Bienaventurados aquellos que ya consiguieron recibir con la misma naturalidad el ganar o el perder, el acierto y el error, el triunfo y la derrota...

-Mario Benedetti-

lunes, 14 de mayo de 2012

Una vida plena. Carl Rogers.-

Mis ideas acerca del significado de una vida plena se basan sobre todo en mi experiencia de trabajo con los clientes, en la relación íntima que se denomina psicoterapia. Estas ideas no se apoyan en un marco de referencia escolástico o filosófico, sino que tienen un sustrato empírico, basado en la propia experiencia y adquirido por medio de la observación y participación en la lucha de personas conflictuadas y empeñadas en lograr la vida plena que anhelan.
Debo aclarar desde el comienzo que mi experiencia se debe a la posición de privilegio que me ofrece una orientación psicoterapéutica desarrollada a través de los años. Es posible que todas las psicoterapias sean básicamente similares. No obstante, puesto que ya no estoy tan seguro de ello como antes, deseo aclarar que mi experiencia terapéutica se ha desarrollado según los métodos que a mi juicio resultan más efectivos. Me refiero a la psicoterapia “centrada en el cliente”.
Pienso que las experiencias terapéuticas que más enseñanzas me han brindado acerca de la vida plena fueron aquellas en las que hubo mayor movimiento; por eso intentaré describir brevemente cómo sería una terapia de este tipo llevada a cabo de manera óptima en todos sus aspectos. Si la terapia fuera inmejorable, intensiva y totalizadora, ello significaría que el terapeuta ha sido capaz de iniciar una relación subjetiva e intensamente personal con su cliente y que se ha relacionado con él, no como un científico con su objeto de estudio, ni como un médico que espera diagnosticar y curar, sino como una persona con otra persona. Esto implica que el terapeuta considera a su cliente como una persona de valor propio e incondicional, cualesquiera que sean su condición, su conducta o sus sentimientos; significa que el terapeuta se comporta de manera auténtica y enfrenta al cliente con los sentimientos que vivencia orgánicamente, sin escudarse detrás de ninguna máscara defensiva. En ese caso, el terapeuta es capaz de permitirse comprender a su cliente, sin que barreras internas le impidan sentir de la misma manera que éste en cada momento de la relación, y puede transmitirle parte de su comprensión empática. Asimismo puede sentirse cómodo al iniciar una relación de este tipo, sin saber en términos cognoscitivos hacia dónde lo llevará, pero sintiéndose satisfecho de crear un clima en que el cliente pueda disfrutar de toda la libertad necesaria para llegar a ser él mismo.
Para el cliente, esta terapia óptima representa una posibilidad de indagarse y descubrir en sí mismo sentimientos extraños, desconocidos y peligrosos. Esta exploración sólo es posible si advierte que se lo acepta incondicionalmente. De esta manera el individuo se familiariza con los aspectos de su experiencia que en el pasado había excluido de su conciencia, por sentirlos demasiado amenazadores o perjudiciales para la estructura del sí mismo; descubre que puede vivenciarlos plenamente en la relación y ser, en cada momento, su miedo, su enojo, su ternura o su fuerza. A medida que vive estos sentimientos tan diversos en todos sus grados de intensidad, advierte que se ha experimentado a sí mismo y que él es todos esos sentimientos. Comprueba también que su conducta cambia en sentido constructivo, de acuerdo con su sí mismo recientemente experimentado. Por último, el individuo comprende que ya no debe temer a la experiencia sino aceptarla como parte de su sí mismo cambiante y en desarrollo.
Este es un breve bosquejo de los logros de la psicoterapia centrada en el cliente, cuando su funcionamiento es óptimo. Lo presento como una descripción sintética del contexto en que se han originado mis ideas sobre la vida plena.
Una observación negativa
Mis esfuerzos por vivir de manera comprensiva las experiencias de mis clientes me han llevado a extraer la siguiente conclusión negativa acerca de la vida plena: pienso que ésta no es un estado de inmovilidad. Según creo, tampoco es un estado de virtud, ni de resignación, éxtasis o felicidad, ni una condición en la que el individuo se encuentra adaptado, logrado o realizado. En términos psicológicos, no se trata de un estado de reducción de pulsiones ni tensiones ni implica tampoco la homeostasis.
Pienso que, tal como han sido empleados, todos estos términos sugieren que con sólo alcanzar uno o varios de estos estados, se habrá logrado el objetivo de la vida. Sin duda alguna, para muchas personas la felicidad o la adaptación son sinónimos de una vida plena, y los sociólogos a menudo se han referido a la reducción de la tensión o a la consecución de la homeostasis o el equilibrio como si estos estados constituyeran la meta del proceso de vivir.
Mi experiencia no convalida ninguno de estos puntos de vista, lo cual me causa cierta sorpresa y preocupación. Las descripciones anteriores suponen estados de fijeza e inmovilidad y no incluyen la experiencia de los individuos que se manifestaron en considerable movimiento durante la relación terapéutica y que, en los años subsiguientes, parecen haber logrado verdaderos progresos en su camino hacia una vida plena. Pienso que estas personas se considerarían insultadas si se las calificara de “adaptadas” y desmentirían cualquier descripción que las representara como “felices”, “resignadas” o aun “realizadas”. De acuerdo con lo que sé sobre ellos, me parece erróneo afirmar que todas sus tensiones han disminuido o que se encuentran en un estado de homeostasis. Por consiguiente, me veo en la obligación de preguntarme si existe alguna posibilidad de generalizar su situación, o bien alguna definición de la vida plena que corresponda a los hechos tal como los he observado. Esto no es fácil y las afirmaciones que siguen son sólo provisionales.
Una observación positiva
Si intentara expresar en pocas palabras los hechos que he observado en relación con estas personas, podría formular la siguiente descripción:
La vida plena es un proceso, no una situación estática.
Es una orientación, no un destino.
La orientación que constituye una vida plena es elegida por el organismo en su totalidad siempre que disfrute de una libertad psicológica que le permita moverse en cualquier dirección.
Esta orientación, seleccionada organísmicamente, parece tener ciertas cualidades generales discernibles, comunes a una amplia gama de individuos únicos.
Puedo integrar estas afirmaciones en una definición que al menos sirva como base para el análisis: Desde el punto de vista de mi experiencia, una vida plena es el proceso de movimiento en una dirección que el organismo humano elige cuando interiormente es libre de moverse en cualquier sentido; las cualidades generales de la orientación elegida parecen tener cierta universalidad.
Características del proceso
A continuación intentaré definir las características de este proceso de movimiento, tal como surgen de las personas en tratamiento.
Una mayor apertura a la experiencia
En primer término, este proceso parece implicar una creciente apertura a la experiencia. Esta frase ha cobrado para mí cada vez mayor significación, ya que he expresado que se trata del polo opuesto a la defensa. En otras ocasiones he descripto la defensa como la respuesta del organismo a experiencias que se perciben o anticipan como amenazadoras, incoherentes con la imagen que el individuo tiene de sí mismo o de su relación con el mundo. Durante un tiempo, el individuo logra que estas experiencias amenazadoras resulten inofensivas distorsionándolas o impidiendo su ingreso en la conciencia. En realidad es muy difícil ver con exactitud las propias experiencias, sentimientos y reacciones que discrepan significativamente con la imagen que uno tiene de sí mismo. En lo que respecta al cliente, gran parte del proceso de la terapia consiste en descubrir constantemente que está experimentando sentimientos y actitudes que hasta entonces no había sido capaz de advertir y “poseer” como una parte de sí mismo.
Si una persona pudiera abrirse por completo a su experiencia, todos los estímulos -endógenos o exógenos- se difundirían libremente a través del sistema nervioso sin sufrir las distorsiones impuestas por los mecanismos de defensa, y no sería necesario el mecanismo de “subcepción”, por el cual el organismo es alentado acerca de las experiencias amenazadoras para el sí mismo. Por el contrario, la persona “vivirá” el estímulo, que sería totalmente accesible a la conciencia, trátese del impacto de una configuración de forma, color o sonido ambiental sobre los nervios sensitivos, una huella anémica del pasado o una sensación visceral de miedo, placer o repugnancia.
Por consiguiente, un aspecto de este proceso que denomino “vida plena” parece ser un movimiento que se aleja del polo de las actitudes defensivas para acercarse al de la apertura a la experiencia. El individuo adquiere mayor capacidad de escucharse a sí mismo y experimentar lo que ocurre en su interior; se abre a sus sentimientos de miedo, desánimo y dolor, así como a los de coraje, ternura y pánico. Puede percibir sus sentimientos y vivirlos subjetivamente, tal como existen en él. Es más capaz de vivir de manera plena las experiencias de su organismo sin verse obligado a impedirles el acceso a la conciencia.
Tendencia al vivir existencial
A mi juicio, una segunda característica del proceso de una vida plena consiste en una mayor tendencia a vivir íntegramente cada momento. Este pensamiento puede ser mal interpretado con suma facilidad y quizá yo tampoco lo comprenda con claridad. Intentaré explicar lo que esto significa.
Pienso que todo momento es nuevo para la persona que se abre a su nueva experiencia de manera plena y sin defensa alguna. Nunca antes habrá existido la configuración compleja de estímulos internos y externos que existe en este momento. Por consiguiente, esta persona deberá reconocer que “lo que yo sea y haga en el momento siguiente dependerá de ese momento, y ni yo ni los demás podemos predecirlo de antemano”. Con frecuencia vemos que los clientes expresan este tipo de sentimientos.
Una manera de expresar la fluidez de este vivir existencial es decir que el sí mismo y la personalidad emergen de la experiencia, que ahora no debe ser distorsionada o moldeada para ajustarse a determinada estructura preconcebida del sí mismo. Esto significa que el individuo se convierte a la vez en observador y partícipe del proceso de la experiencia organísmica, y no se ve obligado a ejercer control sobre él.
Este vivir en el momento no implica una ausencia de rigidez, de organización estricta y de imposición de la estructura sobre la experiencia. Significa, en cambio, un máximo de adaptabilidad, un descubrimiento de la estructura en la experiencia, una organización fluida y cambiante del sí mismo, y de la personalidad.
Pienso que esta tendencia al vivir existencial se observa con mucha claridad en las personas que se han embarcado en el proceso de la vida plena; hasta se podría decir que ésta es su característica esencial. Esta tendencia implica descubrir la estructura de la experiencia en el proceso de vivirla. Por otra parte, la mayoría de nosotros incorporamos a nuestra experiencia una estructura y evaluación preconcebidas que nunca abandonamos por completo, y mediante las cuales distorsionamos y simplificamos la experiencia, cuya fluidez dificulta su introducción en nuestros casilleros, cuidadosamente preparados para alojarlo. Una de las cualidades principales de los clientes que veo aproximarse a la vida plena y madura consiste en que abren su espíritu a lo que está sucediendo ahora y descubren la estructura de ese proceso, cualquiera que sea su naturaleza.
Mayor confianza en el organismo
Otra característica que debemos señalar es que la persona que vive el proceso de una vida plena experimenta mayor confianza en su organismo como medio para alcanzar la conducta más satisfactoria en cada situación existencial. Nuevamente intentaré explicar lo que quiero decir con esto.
Al elegir el rumbo que adoptarán en una situación determinada, muchas personas se apoyan en ciertos principios por los que se guían, en el sistema nominativo de algún grupo o institución, en el juicio de los otros (desde esposa y amigos hasta un “Correo sentimental”) o en su propia conducta en una situación similar del pasado. Sin embargo, cuando observo a los clientes cuyas experiencias tanto me han enseñado, descubro que esos individuos son capaces de confiar en sus reacciones organísmicas en una situación nueva, porque han descubierto que si se abren a su experiencia, la orientación más útil y digna de confianza consiste en hacer lo que les “parece bien”, pues de esa manera hallarán una conducta realmente satisfactoria.
He aquí la línea de pensamiento que sigo siempre que trato de comprender las razones de esta actitud. La persona totalmente abierta a su experiencia tiene acceso a todos los datos relacionados con una situación, sobre la base de los cuales podría elegir su conducta: las exigencias sociales, sus propias necesidades complejas y tal vez contradictorias, sus recuerdos de situaciones similares, su percepción de la unicidad de la situación actual, etcétera. Por cierto, los datos son, por lo general, muy complejos, pero el individuo puede permitir que todo su organismo, junto con su conciencia, considere cada estímulo, necesidad y exigencia, evalúe su intensidad e importancia relativas y descubra, luego de sopesar los distintos factores, el rumbo que mejor puede satisfacer sus necesidades en esa situación particular. Tal vez hallemos una analogía útil si comparamos a esta persona con una computadora electrónica gigantesca. Puesto que el individuo está abierto a su experiencia, ingresan en la máquina todos los datos provenientes de las impresiones sensoriales, de su memoria, de los aprendizajes anteriores y de sus estados viscerales e internos. La máquina incorpora todas estas fuerzas multitudinarias que ingresan como datos y rápidamente computa el curso de acción que deberá seguir, que representa el vector de satisfacción de necesidades más económico en esa situación existencial. Esta es también la conducta de la persona que procuramos describir.
La inclusión de información que no pertenece a la situación presente y la exclusión de los datos que sí se relacionan con ella son los dos defectos que más a menudo restan confiabilidad al proceso. Cuando el proceso de computación considera recuerdos y enseñanzas como si fueran esta realidad, y no meros recuerdos o enseñanzas, aparecen respuestas de conducta equivocadas. El error también se origina cuando se impide el acceso a la conciencia de ciertas experiencias amenazadoras y, por consiguiente, éstas quedan excluidas de la computación o bien son incorporadas a ella, pero de manera distorsionada. Sin embargo, a la persona que vive una vida plena su organismo le merece absoluta confianza, puesto que utiliza todos los datos disponibles y de esa manera el conjunto resulta más adecuado. Por eso mismo su conducta se aproxima en una medida considerable a la satisfacción de todas sus necesidades: de estímulo, de relación con los demás y otras similares.
En esta evaluación, balance y computación, el organismo no es infalible. Siempre ofrece la mejor respuesta posible según los datos existentes, pero en ocasiones pueden faltar datos, No obstante, la apertura a la experiencia permite corregir rápidamente cualquier error o evitar la prosecución de una conducta insatisfactoria. Volviendo al ejemplo de la máquina, diremos que las computaciones están en un constante proceso de corrección, porque se verifican continuamente, mediante la evaluación de la conducta adoptada.
Tal vez al lector le desagrade mi analogía cibernética. Volvamos entonces a los clientes que conozco. A medida que pueden abrirse más a todas sus experiencias, descubren que pueden confiar en sus reacciones. Si “tienen ganas” de mostrar su enojo, lo hacen y comprueban que esto les produce satisfacción, puesto que al mismo tiempo perciben todos sus deseos de afecto, asociación y relación. Se asombran de su propia capacidad intuitiva para resolver -en función de conducta- las relaciones humanas complejas e inquietantes; sólo más tarde comprenden que sus reacciones internas han sido sorprendentemente eficaces para lograr una conducta exitosa.
Tendencia a un funcionamiento pleno
Me gustaría integrar estos tres elementos de la descripción de la vida plena para estructurar una imagen más coherente. Al parecer, la persona que goza de libertad psicológica tiende a convertirse en un individuo que funciona más plenamente; puede vivir en y con todos y cada uno de sus sentimientos y reacciones; emplea todos sus recursos orgánicos para captar la situación existencial externa e interna, con toda la precisión de que es capaz; utiliza de manera consciente toda la información que su sistema nervioso puede suministrarle, pero sabe que su organismo puede ser más sabio que su apercepción, y a menudo lo es; permite que todo su organismo funcione libremente y con toda su complejidad al seleccionar, entre múltiples posibilidades, la conducta que en este momento resultará más satisfactoria; puede confiar en este funcionamiento de su organismo, no porque sea infalible, sino porque, por el contrario, se encuentra dispuesto a aceptar las consecuencias de cada uno de sus actos y a corregirlos si éstos demuestran no ser satisfactorios.
Este individuo puede experimentar todos sus sentimientos y éstos le inspiran menos temor; selecciona sus propias pruebas y está más abierto a las que proceden de cualquier otra fuente; se dedica de lleno a ser y convertirse en sí mismo y así descubre que es un ser auténticamente social, dotado de un sentido realista; vive por completo en el momento, pero aprende que ésta es la mejor manera de vivir en cualquier ocasión. Se convierte en un organismo que funciona de modo más integral y, gracias a la conciencia de sí mismo que fluye libremente en su experiencia, se transforma en una persona de funcionamiento más pleno.
Algunas implicaciones
Cualquier enfoque acerca de lo que constituye una vida plena contiene necesariamente muchas implicaciones, y el que estamos desarrollando no es una excepción. Espero que estas implicaciones estimulen la reflexión del lector. Hay dos o tres de ellas a las que quisiera referirme en particular.
Libertad y determinismo. Una nueva perspectiva
La primera de estas implicaciones puede no resultar evidente a primera vista. Se relaciona con la antigua polémica acerca del “libre albedrío”, que ahora veo bajo una nueva luz.
Durante cierto tiempo he permanecido perplejo ante lo que en psicoterapia se plantea como la paradoja entre libertad y determinismo. Las experiencias subjetivas en las que el cliente siente dentro de sí el poder de elegir son algunas de las más compulsivas de la relación terapéutica. Es libre de convertirse en sí mismo u ocultarse tras un disfraz, de progresar o regresar, de comportarse de maneras destructivas para él y los demás o bien de maneras que aumenten su valor; en fin, es libre de vivir o morir, tanto en el sentido fisiológico como psicológico de estos términos. No obstante, en cuanto nos internamos en este campo de la psicoterapia con métodos objetivos de investigación, quedamos sometidos a un determinismo absoluto, como cualquier otro científico. Desde este punto de vista, cada pensamiento, sentimiento y acto del cliente está determinado por su pasado, y no puede haber nada parecido a la libertad.
El dilema que intento describir no difiere del que se manifiesta en otros campos; simplemente está enfocado con mayor precisión y parece más insoluble.
Sin embargo, si consideramos la cuestión en términos de mi definición de la persona que funciona de manera integral, podremos analizarla desde una nueva perspectiva. Podríamos decir que en el momento óptimo de la terapia, la persona experimenta la libertad más completa y absoluta. Decide seguir el curso de acción que representa al vector más económico en relación con todos los estímulos internos y externos, porque ésa es la conducta más satisfactoria. Pero desde otro punto de vista igualmente valedero, podríamos decir que este mismo curso de acción está determinado por todos los factores de la situación existencial. Comparemos ahora esto con la imagen de una persona que posee defensas organizadas: este individuo elige seguir un curso de acción, pero descubre que no puede comportarse tal como lo había decidido; está predeterminado por los factores de la situación existencial, que incluyen sus actitudes defensivas y su negación o distorsión de algunos datos importantes. Por consiguiente, no cabe duda de que su conducta no será satisfactoria; su comportamiento está determinado, pero él no es libre de realizar una elección efectiva. Por otra parte, la persona que funciona de modo integral no sólo experimenta sino que también hace uso de la más absoluta libertad cuando elige de manera espontánea y voluntaria aquello que, por otra parte, también está absolutamente determinado.
No soy tan ingenuo como para suponer que esto resuelve de manera definitiva la oposición entre lo subjetivo y lo objetivo, entre libertad y necesidad. A pesar de ello, pienso que cuanto más plena sea la vida de una persona, tanto mayor libertad de elegir experimentará y tanto más coincidirá su conducta con sus intenciones.
La creatividad como elemento de la vida plena
Por cierto, la persona que se embarca en el proceso direccional que he denominado “vida plena” es una persona creativa. Su apertura sensible al mundo y su confianza en su propia capacidad de entablar relaciones nuevas en su medio la convierten en el tipo de persona de quien surgen productos creativos y cuya manera de vivir es igualmente original. No está necesariamente “adaptada” a su cultura, y con toda seguridad no es un conformista. Pero en cualquier momento y en cualquier cultura, lleva una vida constructiva, en la medida en que una satisfacción adecuada de sus necesidades le permita armonizar con el medio. En algunas situaciones culturales, tal vez este individuo puede sentirse desgraciado en ciertos aspectos, pero, sin duda, seguirá avanzando hasta ser él mismo y comportarse de una manera que le permita satisfacer por completo sus necesidades más profundas.
Pienso que cualquier estudioso de la evolución reconocería en esa persona las mayores posibilidades de adaptarse y sobrevivir en condiciones ambientales cambiantes. Se trata de un individuo capaz de ajustarse creativa y sólidamente a las situaciones nuevas o viejas, y digno de figurar en la vanguardia de la evolución humana.
Confiabilidad básica de la naturaleza humana
Es evidente que otra implicación del enfoque que he presentado es que la naturaleza del ser humano es constructiva y digna de confianza, cuando funciona libremente. Esta es para mí una conclusión ineludible, que surge de una experiencia de un cuarto de siglo con la psicoterapia. Cuando logramos liberar al individuo de sus actitudes defensivas y lo ayudamos a abrirse a la amplia gama de sus propias necesidades, así como también a las diversas necesidades ambientales y sociales, podemos confiar en que sus reacciones serán positivas, progresistas y constructivas. No es necesario preguntarse quién lo socializó, ya que una de sus necesidades más profundas es precisamente la de asociarse y comunicarse con los demás. A medida que se convierta en si mismo, su socialización adquirirá visos más realistas. Tampoco es necesario preguntarse quién controlará sus impulsos agresivos; en cuanto se abra a todos ellos, su necesidad de sentirse apreciado por los demás y su tendencia a brindar afecto serán tan intensas como sus impulsos de agresión o de apoderarse de las cosas para sí. Será agresivo en las situaciones que así lo requieran, pero no empleará esta actitud como válvula de escape. A medida que progrese su apertura hacia la experiencia, su conducta total en ésta y otras esferas será más equilibrada y realista, más apropiada para la supervivencia y el progreso de un animal altamente social.
No simpatizo con el tan divulgado concepto de que el hombre es básicamente irracional y que sus impulsos, liberados de todo control, lo conducirían a la destrucción de sí mismo y de los demás. La conducta del hombre es absolutamente racional y se mueve con una complejidad sutil y armoniosa hacia los objetivos que el organismo se propone alcanzar. La tragedia de la mayoría de nosotros consiste en que las defensas nos impiden advertir este aspecto racional, de manera que conscientemente nos movemos en cierta dirección, en tanto que organísmicamente lo hacemos en otra. Pero en la persona que vive el proceso de una vida plena, la cantidad de barreras defensivas disminuye, y esto le permite participar en los designios de su organismo. El único control sobre los impulsos que parecería existir -o que sería necesario- es un equilibrio natural e interno entre las distintas necesidades y la adopción de conductas que sigan el vector más próximo a la satisfacción de todas ellas.
La experiencia de satisfacer por completo una necesidad como, por ejemplo, la agresión, el sexo, de una manera tal que impida la satisfacción de otras, tales como el compañerismo, o la ternura, es muy común en la persona cuyas defensas están sólidamente organizadas, y su frecuencia disminuye a medida que se avanza en el proceso. El individuo participa en las actividades de autorregulación de su organismo, vastas y complejas -los servomecanismos psicológicos y fisiológicos-, de manera tal que vive en armonía creciente consigo mismo y con los demás.
La mayor riqueza de la vida
La última implicación que deseo mencionar es que este proceso de vivir una vida plena abarca un espectro más amplio y supone mayor riqueza que la vida mezquina de la mayoría de nosotros. Ser parte de este proceso significa que uno se embarca en la experiencia de vivir más sensiblemente; ésta es una empresa que muchas veces asusta y otras tantas satisface, pero que en definitiva implica mayor riqueza y variedad. Pienso que los clientes cuya terapia ha acusado movimientos significativos viven más íntimamente sus sentimientos de dolor, pero también disfrutan más de sus satisfacciones; sienten el odio con mayor claridad, pero también el amor; el miedo es una experiencia que conocen más profundamente, pero también lo es el coraje. La razón por la que pueden llevar una vida plena reside en la confianza que poseen en sí mismos como instrumentos idóneos para enfrentar la vida.
Espero haber aclarado el motivo por el cual considero que calificativos tales como feliz, resignado, bienaventurado o satisfecho no me parecen apropiados para la descripción general de este proceso que he denominado una vida plena, aun cuando la persona que se halla embarcada en él experimente cada uno de estos sentimientos en un momento dado. Los adjetivos que me parecen más adecuados son enriquecedor, estimulante, gratificante, inquietante, significativo. Estoy convencido de que este proceso de la vida plena no es para cobardes, ya que convertirse en las propias potencialidades significa crecer, e implica el coraje de ser y sumergirse de lleno en el torrente de la vida. A pesar de esto, resulta profundamente estimulante ver que cuando el ser humano disfruta de libertad interior, elige como la vida más satisfactoria este proceso de llegar a ser.
Texto original: Carl R. Rogers; ”El proceso de convertirse en persona“; Ed. Paidós; México, 1964, reimpresión 2009; 336 pp.